La visión de James Randi sobre la religión
19 de Enero de 2008
Dejo hoy una traducción de “Why I Deny Religion, How Silly and Fantastic It Is, and Why I’m a Dedicated and Vociferous Bright” que me llevó unos tres días de trabajo (no de corrido, por supuesto). El original es de James Randi, uno de mis dioses personales, asesino fino y elegante de los “sucesos paranormales”, escrito para su columna semanal Swift del 25 de Julio de 2003. Traducción y publicación realizadas sin permiso; me he tomado la libertad.
Por qué niego la religión, lo tonta y fantástica que es, y por qué soy un “bright” dedicado y vociferante.
La página de esta semana estará dedicada enteramente a la religión. He llegado al punto en el que ya tengo que descargarme sobre este tema que hasta ahora había sentido que estaba fuera de los temas que trata la Fundación Educativa James Randi (JREF). Ya que la religión aparece como parte de tantos argumentos a favor de otro tipo de afirmaciones fantásticas, quiero mostrarles que su aceptación es de la misma naturaleza que la aceptación de la astrología, percepción extrasensorial, profecías, radiestesia, y la cantidad de creencias extrañas que manejamos acá todos los días. Previamente me he excusado de discusiones que tuvieran que ver con esta ubicua idea, aduciendo que no ofrece evidencia comprobable, cosa que sí hacen otras creencias sobrenaturales — aunque esos exámenes siempre mostraron resultados negativos. No se puede debatir con la gente religiosa utilizando la lógica, porque ellos afirman que sus creencias son de una naturaleza que no puede ser examinada, simplemente “son.”
En lugar de discutir o tratar de razonar de acuerdo a su criterio, me conformaré con señalar, brevemente, lo improbables, delirantes, estrafalarias y fantásticas que son sus afirmaciones, enfocándome mayormente en aquellas que me son más familiares, por experiencia personal.
Frecuentemente recibo críticas de creyentes en asuntos psíquicos y dogma religioso ofendidos, que me acusan de ser uno de esos temidos “materialistas,” o de ser incapaz de aceptar las maravillas que ellos deciden adoptar porque estoy “bloqueado” dentro de una visión del mundo que acepta sólo la “inflexible” y “ortodoxa” versión científica de cómo funciona el mundo. Estas palabras entrecomilladas fueron tomadas directamente de recientes reprimendas que me han dado.
Antes que nada, es imposible aplicar la palabra “inflexible” (unyielding) a la visión científica genuina. Mi definición breve favorita de ciencia, una que debo admitir que inventé, es:
La ciencia es una búsqueda de verdades básicas acerca del Universo, una búsqueda que desarrolla proposiciones que aparentan describir cómo funciona el Universo, pero que están sujetas a corrección, revisión, ajustes, o incluso directamente rechazo, en caso de presentarse evidencia mejor o que genere conflictos.
La ciencia es una disciplina que cede frecuentemente mientras se intenta acercar a ese evasivo objetivo llamado “la verdad”, pero sabiendo que cualquier conclusión a la que pueda llegar es meramente la mejor por el momento. Cualquier proposición – s = ut + ½ at², por ejemplo – es “verdadera” cuando se aplica a balas de cañón lanzadas de torres inclinadas; sin embargo no describe de forma precisa la interacción de objetos muy pequeños o muy grandes como electrones o galaxias. Eso no la hace “incorrecta,” simplemente la hace limitada. Proposiciones más abarcativas como los conceptos de relatividad o física cuántica describen mejor un gran espectro de interacciones físicas, pero enterradas en esas proposiciones más avanzadas podemos encontrar a aquella más simple antes mencionada – que confío en que mi lector reconoce como una de las dadas por el amigo llamado Newton.
La estructura de la ciencia misma está también en constante estado de desarrollo; idealmente, no tiene un estado “ortodoxo” en el cual se apoya confortable y complacientemente. Sólo se necesita algo como un nuevo estándar estadístico o una innovación sobre la forma de observación de un fenómeno para cambiar su enfoque sobre cualquier evento o decisión que previamente – tentativamente – satisfizo, pero el verdadero científico no se arrepiente ni niega tales perfeccionamientos en enfoques o técnicas, sino que los adopta y se ajusta al nuevo y mejor entendimiento del mundo del que dispone. A la religión, en contraste, le repugna la duda honesta, prefiriendo una aceptación ingenua, sin cuestionamientos.
Lo que le da gloria genuina a la ciencia es su voluntad de ajustarse, en mi opinión de aficionado. Está en total oposición a los axiomas de las religiones, que con orgullo ostentan sus “verdades” inflexibles para demostrar que “saben” ciertas cosas con seguridad. Sin embargo, la Tierra es redonda, no plana, ni es el centro del Universo; esas revelaciones fueron aceptadas, absorbidas y aplicadas con presteza por la ciencia – por muy primitiva que fuera en ese momento histórico – y ninguno de los que las incorporaron en su forma de ver el mundo sintió dolor, aunque en muchos casos debe haber habido alguna incomodidad y sorpresa, seguido por un regocijo.
“Eppur, si muove.” Incluso si no lo dijo, Estoy seguro de que lo quiso hacer…
Sí, soy un materialista. Estoy dispuesto a que me muestren que estoy equivocado, pero eso no ha ocurrido – todavía. Y admito que la razón por la que no soy capaz de aceptar las afirmaciones de maravillas psíquicas, ocultas y/o sobrenaturales es porque estoy atrapado en una visión del mundo que exige evidencia en lugar de fe ciega, una visión que insiste en la reproducción de todos los experimentos – particularmente de aquellos que parecen mostrar excepciones de un mundo racional – y una visión que requiere el examen abierto de los métodos utilizados para llevar a cabo esos experimentos. La decisión de ser un materialista es mía propia, la hice después de muchos años de considerar lo que he observado, y luego de leer a Bertrand Russell y otros. Ya que no fue una mera reacción a la información obtenida, sino el resultado del examen de esa información, estoy orgulloso de mi decisión.
(Aparte: Estoy orgulloso de ser estadounidense, escéptico y “bright”. Sólo me enorgullezco de aquellas cosas que he obtenido, no de aquellas con las que nací o me fueron dadas. Elegí ser estadounidense, y me gané esa distinción, me convertí y mantuve como escéptico a pesar de que fue difícil y todavía me trae problemas, y soy abiertamente “bright” ante aquellos millones que me creen inferior porque no soy supersticioso como ellos. No me importa; conozco y acepto el mundo real.)
Siendo un niño, me dijeron que debía creer que los salvajes estaban condenados a cocinarse en azufre hirviente si no aceptaban al “compasivo” dios que me fue descrito, ¡Incluso si nunca habían tenido la oportunidad de conocerlo! Ese dios, según me dijeron, sufría de varios defectos severos que yo debía evitar. Era caprichoso, inseguro, celoso, vengativo, sádico y cruel, y demandaba constantes alabanzas, sacrificios, adulación y apoyo moral, o las penas podían ser muy severas. Descubrí, muy pronto en mis observaciones, que la gente religiosa era muy temerosa, temblando y preguntándose si habían cometido alguna infracción a la multitud de reglas que debían seguir. Estaban – y están – dominados por el miedo. Ese no es mi estilo.
Pero fueron las increíbles historias que me contaron lo que realmente me llevaron al descreimiento. Por ejemplo, me dijeron que hace 2 000 años una virgen de medio oriente fue embarazada por un fantasma de alguna clase, y como resultado produjo un hijo que podía caminar sobre el agua, resucitar a los muertos, convertir el agua en vino y multiplicar panes y peces. Todo eso sumado a exorcizar demonios. Él esperaba y aceptó una muerte brutal y sádica – y luego se levantó de entre los muertos.
Pero había mucho, mucho más. Adán y Eva, me dijeron, eran los humanos originales, puestos en un jardín para empezar con las especies. Pero no entendí, y todavía no entiendo, que tuvieron dos hijos, ambos varones – y uno de ellos mató al otro – y sin embargo produjeron suficientes personas como para poblar la Tierra, sin incesto, ¡algo que “no se hace!” Luego un profeta o algo hizo que la Tierra dejara de girar, un ejército sopló trompas hasta que cayó un muro, un tipo llamado Moisés hizo que el Mar Rojo se dividiera en dos, e hizo llover sapos del cielo…
No necesito seguir. ¡Y eso es sólo el principio sobre una sola religión! El Mago de Oz es más creíble. Y más divertido.
Sigo escuchando, de los parapsicólogos, los religiosos y los ocultistas, acerca de esta falta de voluntad, de esta reticencia por parte de ciertos escépticos por considerar la evidencia.
Tranquilamente pueden existir escépticos que encajen en esa descripción, pero no conozco a ninguno. He escuchado que la negación de los escépticos es similar e incluso excede la dedicación de los más fervientes entusiastas de la reencarnación, aficionados al doblado de cucharas o devotos de los OVNIs. También he visto intentos de delinear las bases más o menos irracionales que subyacen tales posiciones extremas.
Se ha dicho, correctamente, que la mente humana necesita formarse una figura comprensible del universo en que vive; la búsqueda de patrones es una técnica de supervivencia básica intrínseca en nosotros. También buscamos tener un entendimiento de nuestra propia existencia, y muchas veces vemos que adoptar lo que se puede llamar una visión del mundo religiosa o “religioso-metafísica” parece facilitar el darle sentido al aparente enigma de la vida. Encuentro que los escépticos, generalmente, se abstienen de creer en hipótesis metafísicas, imposibles de probar o no-científicas, pero los “credófilos” prefieren creer que – presionados lo suficiente – los escépticos confesaremos haber adoptado por lo menos alguna clase de perspectiva metafísica. Se puede considerar a esta actitud como “pensamiento mágico” por parte de los credófilos, no pueden creer que no todo el mundo sea crédulo. Es simplemente algo con lo que no se pueden identificar, ni aceptar.
Así es como los credófilos nos ven a los escépticos, y cómo tratan de aparentar ser racionales, en oposición a nuestras raras costumbres: Son capaces de admitir que muchos de ellos han adoptado posiciones religiosas no ortodoxas – y pueden llegar a incluir en esa lista simplificaciones tan ridículas como la Teosofía y Cienciología, sólo para mostrar que no están totalmente privados de sentido común. Pueden decir que mientras muchos escépticos renuncian a cualquier tendencia religiosa, si se mira con más cuidado, a ellos también se los puede ver como creyentes profundos en lo que los credófilos llaman la “doctrina metafísica” del “materialismo.” Esta doctrina, dicen, niega la existencia de tales entidades como la mente, el alma y el espíritu, y asegura que el universo físico constituye la total realidad. Señalan que el materialismo no puede ser probado científica ni filosóficamente, esta aceptación de nuestra parte puede ser a causa de una reacción a ciertos eventos y tendencias en la historia de la ciencia.
Esto es poner el carro delante de los caballos, en mi opinión. Para irme del tema momentáneamente, permítanme mostrar una forma de encarar el tema que he dado antes. Los lectores estarán enterados del premio de un millón de dólares que ofrece la JREF. Muchos – la mayoría – de los solicitantes del premio nos desafían a refutar sus afirmaciones. Nosotros señalamos que no hacemos ninguna afirmación, y que sólo requerimos que ellos prueben las suyas; nosotros nunca hemos, ni haremos, intento alguno para refutar aquello que ellos afirman es verdad. De forma similar, los escépticos no intentamos probar el materialismo. Simplemente es la mejor explicación del universo, la más lógica y razonable. Y eso es decir poco. El materialismo puede ser probado – una funcionalidad que los credófilos suelen decir que no es aceptable ni necesaria dentro de su visión del mundo sobrenatural.
Los escépticos no permiten la invención de situaciones o entidades convenientes pero imposibles de probar para establecer una afirmación, ni aceptan las propiedades mentales o espirituales que pueden ser adjudicadas a la materia física, que es el origen de la idea de reliquias y lugares sagrados. El diente del Buda, el Santo Sudario, Lourdes, la Piedra Negra de la Kaaba son ejemplos. Aristóteles, sobre cuyas enseñanzas está basada gran parte del Cristianismo, enseñó que existían “esferas cristalinas” que transportaban a los planetas y las estrellas en sus viajes celestiales, y que eran asociados con “movedores” incorpóreos e indefinidos que proveían las fuerzas que los mantenían en movimiento. Enseñó que esos “movedores” eran de naturaleza espiritual, y que la relación de un movedor con su esfera era como la de un alma con su cuerpo. Esta visión fue amplificada por intérpretes posteriores de Aristóteles como Santo Tomás de Aquino en el siglo trece, que enseñó que la materia básica fue concebida similarmente para tener propiedades psicológicas.
Aristóteles escribió que un objeto terrestre caía al suelo debido a su “aspiración” de alcanzar su “lugar natural.” Esta visión animista del universo también se puede encontrar en la obra de William Gilbert, el físico inglés. Él avaló las ideas del filósofo griego Tales de Mileto, quien atribuía la atracción magnética a la acción de un “alma magnética” en el mineral magnético por naturaleza conocido como Magnetita, cuya atracción creía que era ocasionada por la emisión de un “efluvio magnético” del mineral. Gilbert también creía que la Tierra misma tenía un alma magnética. En su posición tan cercana al Sol, dijo, el alma de la Tierra percibió el campo magnético del Sol, y razonó que si no hacía algo uno de sus lados se quemaría mientras el otro se congelaría, por lo que eligió girar sobre su eje, y luego decidió inclinar su eje en pequeño ángulo para traer las variaciones de las estaciones.
No se confundan y condenen a Aristóteles y a Harvey como pobres pensadores; no lo eran. Otros asuntos sobre los que escribieron fueron bien manejados. Es posible que si hubieran tenido acceso al conocimiento mejorado que se desarrolló después de su período de existencia, hubieran aceptado y celebrado esa información; eran científicos, aunque todavía no había llegado la estricta disciplina de esa profesión cuando ellos declaraban sus conclusiones. El hecho de que estas perspectivas fantásticas y animistas sobre el Universo hayan desaparecido como resultado de los avances científicos no debe llevarnos a despreciar las ideas de los hombres de la Antigüedad; hicieron lo mejor que pudieron, y a causa de las invenciones algo delirantes de sus religiones – historias de vírgenes dando a luz y panes y peces siempre vienen a la mente – no se vieron en dificultades con sus aseveraciones discutiblemente menos extravagantes. No obstante, parece que ya es hora de que los paranormalistas, ocultistas, y entusiastas religiosos de la actualidad acepten que sus propias suposiciones dejan de ser aceptables. Tenemos que crecer.
La religión está detrás de tantas tragedias considerables de la humanidad. Un nuevo libro de Jon Krakauer se llama “Bajo el estandarte del Paraíso: Una historia de Fe violenta.” La percepción actual del Islam como una religión particularmente militante – oficialmente difundida y exagerada para justificar nuestra presencia en Irak, en mi opinión – invoca horribles recuerdos del fiasco de la secta de los davidianos, del ataque con gas nervioso de la secta de Aum Shinriko en el subterráneo de Tokyo de hace algunos años, y del suicidio de los fieles de la secta del Templo del Pueblo de Jim Jones en el “día del Juicio Final” de 1978. Éstas son sólo algunas instancias dramáticas de los efectos del fanatismo religioso que hicieron retroceder hasta a los creyentes más conservadores e incluso dudar – momentáneamente – de la sabiduría de su fe.
No se deberían haber necesitado tales eventos repentinos, sangrientos y prominentes para llamarnos la atención sobre este problema. Otras situaciones más dominantes y continuadas a las cuales nos hemos acostumbrado a causa de su constante presencia en nuestras vidas deberían despertarnos alarmas similares. La tragedia Israelí-Palestina, la guerra Católica-Protestante en Irlanda del Norte, el feudo Tamil-Cingalés de Sri Lanka, y las atrocidades Hindúes-Musulmanas que se cargan vidas diariamente y llevan terror y agonía a tantas personas son sólo la continuación de confrontaciones de hace siglos entre variedades de ilusiones religiosas. Esfuerzos desesperados de sostener – de cualquier forma – el poder de los sistemas religiosos reinantes que insisten en conocer El Camino a la salvación y la vida eterna, como tan bien lo demostró la sangrienta Santa Inquisición Católica que nos ha dejado no hace mucho tiempo, ilustran igualmente bien que gran parte de nuestros conflictos es un resultado directo de la presencia de la religión. Y, en casos de eventos tan poco importantes como las elecciones locales, la carta de la religión puede y frecuentemente es jugada, con gran éxito. Atesoramos nuestros errores, y los defendemos. Muchas veces hasta la muerte.
Y la noción de que las creencias supersticiosas como la religión son inofensivas es equivocada. Richard Dawkins recientemente observó:
Creo que se puede argumentar que la fe es uno de los males más grandes del mundo, comparable al virus de la viruela, pero más difícil de erradicar. La fe, siendo una creencia que no está basada en evidencia, es el principal vicio de cualquier religión. ¿Y quién, mirando a Irlanda del Norte o Medio Oriente, puede estar tan seguro de que el virus mental de la fe no es extremadamente peligroso?
Siempre he diferenciado entre “fe ciega” y “fe derivada de la evidencia.” Desde ahora, usaré la palabra “fe” y no insertaré “ciega.” En lugar de “fe derivada de la evidencia”, usaré “confianza.” Tengo confianza en la salida del Sol mañana – o, más correctamente, ¡La rotación de la Tierra hacia el Sol! – y tengo fe en que George W. Bush eventualmente cesará de apelar a una deidad o de invocar plegarias en cada una de sus apariciones públicas….
Los credófilos tratan de establecer un paralelo entre ciencia y religión. Un ejercicio inútil; estas ideas son exactamente opuestas entre sí. No, como Dawkins también escribe, “Aunque tiene muchas de las virtudes de la religión, [la ciencia] no tiene ninguno de sus vicios. La ciencia está basada sobre evidencia verificable.”
Encontramos religión en gran parte de nuestra historia, de nuestra filosofía, de nuestra vida diaria, y de nuestro sistema legal. El mestizaje fue prohibido basado en reglas bíblicas, la esclavitud fue justificada por el mismo libro. Es conveniente tener un conjunto de reglas anticuadas para sostener acciones y comportamientos odiosos, especialmente cuando se puede discutir que una cierta “interpretación” – ¡Aunque nunca directa negación! – es necesaria para que pueda ser aplicada propiamente a cualquier situación dada. A ese respecto, rechazo el viejo argumento que trata de excusar errores y torpezas perfectamente obvias de la religión insistiendo en que “no significa exactamente eso.” Quiere decir lo que dice, y ni toneladas de coartadas o explicaciones me van a convencer de que no querían que los fieles creyeran realmente que el Universo fue creado en siete días. Decídanse: o es cierto, o no lo es.
Ahórrenme el argumento de que debemos tanto de nuestro arte y cultura a la religión; esa una atribución errónea. Las grandes obras de arquitectura, pintura, música y escultura realizadas para adular a santos, deidades y sus descendientes, y benditos fallecidos, eran encargadas, patrocinadas y pagadas por aquellos que las ofrecían como sacrificios, penitencias, homenajes y relaciones públicas.
Esos ofrecimientos eran una forma de seguros, tranquilizantes y sobornos para neutralizar transgresiones u obtener una mejor posición en la línea. Eran provocados por el miedo. Estoy de acuerdo en que es preferible poder compartir esta riqueza de trabajo creativo como resultado de esta aprehensión, pero de vez en cuando pienso en cuánto mejor podrían haber sido las obras si hubieran sido realizadas para nuestra especie – en lugar de serlo para seres mitológicos en el cielo o bajo tierra.
Bueno, agradezco a la mitología por darme “El Mesías” de Handel, pero eso no compensa el sufrimiento, la pena, el miedo y las millones de muertes innecesarias…
Consideren esto: Un hombre cree – más allá de toda duda – que su dios es el único dios, es todopoderoso y omnisciente, lo ha creado a él y a todo el universo que lo rodea, y es caprichoso, celoso, vengativo y violento. Ese mismo dios le ofrece al hombre la opción de arder en agonía eterna en un infierno contante y sonante, o vivir por siempre en una variedad de paraísos – algunos de los cuales incluyen calles de oro y otros un amplio suministro de delicias virginales. ¿Hay acaso siquiera alguna opción que tomar? ¿El hombre desobedecerá siquiera alguna orden o capricho de su deidad? ¿Cómo podemos dudar que la religión es un sistema obligatorio que gobierna de forma absolutista a sus adherentes? Es una tiranía, una trampa, un desastre de tamaño y alcance infinitos. No quiero nada de eso.
Examinen la noción de un “dios todo amor.” Este dios sólo te ama si sigues las reglas. Ninguna pregunta, duda u objeción es permitida. “Porque yo lo digo, por eso.” Él/Ella/Esto te ama como un campesino ama a su caballo de tiro; eres útil, obedeces, y eres dócil. Si te desvías, tu primogénito será asesinado, si no sigues una orden caprichosa, eres un pilar de sal. ¿Esto es “amor?” Si es así, me quedo con la indiferencia.
A diferencia de los religiosos, que tienen todo cortado, predigerido y servido para ellos, estoy dispuesto a que se me muestre que estoy equivocado. Pero no me interesa el argumento de las amenazas y el miedo, no voy a caer en el “no lo sabemos todo”, y no tengo tiempo para discutir los interminables cuentos anecdóticos que tanto gustan a los fieles.
¿En qué sí creo? Creo en la bondad fundamental de mi especie, porque parece que es una táctica y cualidad positiva que lleva a mejores posibilidades de supervivencia – y más allá de nuestra estupidez, parece que hemos sobrevivido. Creo que este sistema de envejecer y morir eventualmente – un sistema que es el resultado de un proceso evolutivo, no de un esfuerzo consciente – es un proceso excelente que da lugar, con suerte, a miembros mejorados de las especies, en un entorno cada vez más limitado.
Creo que si no nos hacemos más inteligentes y tenemos sentido de realidad y pragmatismo, nuestra especie va a hacer lo que todas hacen eventualmente: dejar de existir, prematuramente. También creo que sí nos haremos inteligentes, porque es una técnica de supervivencia, y somos bastante buenos en eso…
También creo en los ojos de los cachorritos y los ojos centelleantes de los niños, en la risa y las sonrisas, en los girasoles y mariposas. Las montañas y icebergs, los copos de nieve y las nubes son delicias para mí. Sí, sé que esta percepción es el resultado de la construcción de mi cerebro, junto con la información agregada de la experiencia y la asociación, pero eso no le quita ni una pizca de mi apreciación de estos fenómenos. Sé que otros, de mi especie y de otras, puede que no compartan mi fascinación y aceptación de estos elementos que tanto me placen, porque tienen diferentes necesidades y reacciones. Una nube es una masa de vapor de agua condensada en la atmósfera, lo sé. Pero puede ser un velero, un demonio, un águila, si me permito ser un ser humano, y aunque muchos lo duden, frecuentemente lo soy.
El autor Krakauer, en su libro “Bajo el estandarte del Paraíso,” acerca de la premisa de que la violencia y el fanatismo pueden ser encontrados fácilmente en la religión, escribe:
Aunque el lejano territorio de lo extremo puede ejercer un empuje intoxicante sobre individuos de todas las inclinaciones, el extremismo parece prevalecer especialmente entre aquellos inclinados, por temperamento o crianza, hacia búsquedas religiosas. La fe es la propia antítesis de la razón, y la pérdida del juicio, un componente crítico de devoción espiritual. Y cuando el fanatismo religioso reemplaza al raciocinio, de repente las cartas están echadas. Cualquier cosa puede suceder. Absolutamente cualquier cosa. El sentido común no es rival ante la voz de Dios.
“La fe es la propia antítesis de la razón, y la pérdida del juicio, un componente crítico de devoción espiritual.”
Eso lo dice todo.

James Randi
Publicado en Ateísmo, Ciencia, Filosofía, Letras, Traducción, Weblog,








