Fragmentos de ‘Por qué no soy cristiano’

26 de Julio de 2009

Hace un par de días terminé de leer el libro Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell (regalado por mi primo & señora), y, como lo marqué por todas partes, me pareció bien publicar los fragmentos por acá.

Primero, una especie de sinopsis/crítica del libro: Es un compilado de ensayos sobre religión, temas morales y educación (tres cosas que me fascinan, por distintas razones). A partir de la forma tan racional y clara de exponer sus opiniones, y las justificaciones, me doy cuenta de la gran lucidez que tenía. Incluso me parece mucho mejor que The God Delusion de Richard Dawkins, tal vez por sus aportes sobre moral y filosofía en general, que el biólogo no desarrolla demasiado.

Por otro lado, casi me hace perder la poca fe que me quedaba en el desarrollo de la humanidad, ya que planteos que él hiciera en los años ’30 (y claramente resolubles mirados desde una perspectiva racional) todavía se siguen discutiendo en los parlamentos apelando a las emociones o a la “tradición”. Llama la atención lo adelantado que estaba con respecto a su época, e incluso a la nuestra (lo que dice mucho -y en contra- sobre nosotros).

Por qué no soy cristiano

Orgulloso sostengo el libro, como si fuera el Manifiesto Comunista

El ensayo llamado Gente bien es sublime, y sin embargo no saqué nada de ahí, quizás por ser todo del mismo nivel, así que dejo un enlace para lo lean completo y se deleiten con su prosa, su brillantez superior y su acidez.

Paso a los fragmentos, que hablan por sí mismos, y aclaro que probablemente no son los puntos centrales del libro, sino los que más me interesaron o movilizaron a mi (es más, ni siquiera saqué un fragmento del ensayo que le da el título al libro):

Del ensayo ¿Ha hecho la religión contribuciones útiles a la civilización?:

No hay motivo racional de ninguna clase para impedir que un niño se entere de un asunto que le interesa, ya sea sexual o de otra índole. Y no tendremos jamás una población sana hasta que esto no se lleve a la práctica, cosa imposible mientras las Iglesias dominen la política educacional.

Es evidente que el hombre propenso al crimen tiene que ser detenido, pero lo mismo sucede con el hombre hidrófobo que quiere morder a la gente, aunque nadie lo considere moralmente responsable. Un hombre que tiene una enfermedad infecciosa tiene que ser aislado hasta que se cure, aunque nadie lo considere malvado. Lo mismo debe hacerse con el hombre propenso a cometer falsificaciones; pero no debe haber más idea de culpa en un caso que en otro. Y esto es sólo sentido común, aunque es una forma de sentido común a la cual se oponen la ética y la metafísica cristianas.

Ahora, ¿qué es el “vicio” en la práctica? En la práctica es una clase de conducta que disgusta al rebaño. Llamándola “vicio” y elaborando un complicado sistema ético en torno a este concepto, el rebaño se justifica al castigar a los objetos de su disgusto, mientras que, ya que el propio rebaño es virtuoso por definición, pone de relieve su propia estimación en el preciso momento en que libera su crueldad. Ésta es la psicología del linchamiento, y de los demás modos en que se castiga a los criminales. La esencia del concepto de virtud reside, por lo tanto, en proporcionar una salida al sadismo, disfrazando de justicia la crueldad.

Con nuestra actual técnica industrial podemos, si queremos, proporcionar una existencia tolerable a todo el mundo. Podríamos asegurar también que fuera estacionaria la población del mundo, si no lo impidiera la influencia política de las Iglesias que prefieren la guerra, la peste y el hambre a la contracepción. Contamos con los conocimientos necesarios para asegurar la dicha universal; el principal obstáculo a su utilización para tal fin es la enseñanza de la religión. La religión impide que nuestros hijos tengan una educación racional; la religión impide suprimir las principales causas de la guerra; la religión nos impide enseñar la ética de la cooperación científica en lugar de las antiguas doctrinas del pecado y el castigo. Posiblemente la humanidad se halla en el umbral de una edad de oro; pero, si es así, primero será necesario matar al dragón que guarda la puerta, y este dragón es la religión.

De Lo que creo:

Lo que consideramos bueno, lo que nos gustaría, no tiene ninguna influencia sobre lo que es [...]

La moral corriente es una mezcla curiosa de utilitarismo y superstición, pero la superstición se lleva la mayor parte (cosa natural, ya que es el origen de reglas morales).

Sólo deseo sugerir que se debe tratar al criminal como al apestado. Los dos son un peligro público, los dos tienen que estar privados de su libertad hasta que dejen de ser un peligro. Pero el apestado es objeto de simpatía y conmiseración, mientras que el criminal es objeto de execración, lo que resulta completamente irracional. Y, a causa de esta diferencia de actitud, nuestras prisiones tienen mucho menos éxito en curar las tendencias criminales que los hospitales en curar la enfermedad.

No hay atajos para la vida buena, ya individual o social. Para conseguir una vida buena tenemos que desarrollar la inteligencia, el dominio de nosotros mismos y la compasión. Es un asunto cuantitativo, un asunto de mejora gradual, de aprendizaje temprano, de experimento educacional. Sólo la impaciencia inspira la creencia en la posibilidad de una mejora súbita.

Todo lo que aumenta la seguridad general disminuye la crueldad.

Cuando la envidia es inevitable debe ser usada como un estímulo de los propios esfuerzos, no para frustrar los esfuerzos de los rivales.

De Nuestra ética sexual:

[...] yo replicaría que un código es bueno o malo según fomente o no la felicidad humana.

[...] los celos, a mi entender, han sido el factor más importante de la génesis de la moral sexual. Los celos, instintivamente, originan la cólera; y la cólera, racionalizada, se convierte en una reprobación moral.

Los que tienen un criterio científico sobre la conducta humana encuentran imposible llamar “pecado” a ningún acto; se dan cuenta de que todo tiene origen en nuestra herencia y nuestro medio, y que mediante el dominio de estas causas, más que mediante la denuncia, se evitan las conductas nocivas para nuestra sociedad.

[...] estoy convencido de que la completa franqueza en materia sexual es el mejor modo de impedir que los niños piensen excesiva, sucia o malsanamente sobre ellos, y es además el preliminar casi indispensable de una moral sexual instruida.

De La libertad y las universidades:

La diferencia fundamental entre el criterio liberal y el que no lo es consiste en que el primero considera todas las cuestiones abiertas a la discusión y todas las opiniones sujetas a la duda en menor o mayor medida, mientras que el último sostiene por adelantado que ciertas opiniones son absolutamente incuestionables y que no deben permitirse los argumentos contrarios.

Las opiniones que no aceptamos adquieren una cierta respetabilidad en base a su antigüedad, pero una opinión nueva que no compartimos nos escandaliza invariablemente.

El ejercicio del poder es agradable, especialmente cuando un individuo oscuro lo ejerce sobre uno encumbrado. El soldado romano que mató a Arquímedes, si en su juventud se vio obligado a estudiar geometría, tuvo que experimentar un placer especial al terminar con la vida de un malhechor tan eminente. Un ignorante fanático norteamericano puede disfrutar del mismo placer al usar el poder que le confiere la democracia contra los hombres cuyas opiniones no agradan a los incultos.

La sabiduría colectiva, desgraciadamente, no es un substituto adecuado de la inteligencia de los individuos. Los que se oponen a criterios generalmente admitidos han sido la fuente de todo progreso tanto moral como intelectual. Han sido impopulares, naturalmente. Sócrates, Cristo y Galileo se ganaron por igual la censura de los ortodoxos.

El apéndice, Cómo se evitó que Bertrand Russell enseñase en la Universidad de la ciudad de Nueva York, fue escrito por Paul Edwards, quien compiló los ensayos del libro. Es una recorrida por el juicio absurdo que le hicieron a Russell cuando estaba por ir a enseñar a esta universidad, una verdadera aberración jurídica. (El ensayo del cual saqué fragmentos acá arriba lo escribió Russell durante el conflicto)

Reproduzco algunos fragmentos de otras obras de Russell que son citadas por Edwards, así que éstas vienen a ser citas de citas:

En materia de sexualidad, como en la economía y en la política, nuestra ética está aún dominada por miedos que los descubrimientos modernos han hecho irracionales [...]. Es cierto que la transición del antiguo sistema al nuevo tiene sus dificultades, como todas las transiciones [...]. La moral que yo proponía no consiste simplemente en decir a los adultos y adolescentes: “Sigan sus impulsos y hagan lo que quieran”. En la vida tiene que haber estabilidad; tiene que haber un esfuerzo continuado dirigido hacia fines que no son inmediatamente beneficiosos, ni atractivos en todo momento; tiene que haber consideración hacia los demás, y tiene que haber ciertos principios de rectitud.

No creo que sea dañina la polémica sobre temas generales. Lo que pone en peligro la democracia no son las polémicas ni las diferencias claras. Por el contrario, son sus mayores salvaguardias. Es parte esencial de la democracia que los grupos importantes, incluso las mayorías, sean tolerantes con los grupos disidentes, por pequeños que sean y por mucho que ofendan sus sentimientos.
En una democracia es necesario que la gente aprenda a soportar que ofendan sus sentimientos.

Y eso es todo…
El que quiera bajarse el libro (en España es legal…) puede hacerlo desde el sitio amigo Taringa!


Publicado en Ateísmo, Ciencia, Escepticismo, Filosofía, Religión,


3 comentarios a “Fragmentos de ‘Por qué no soy cristiano’”

  1. Muy bueno el subrayado.
    Aunque en la foto parse que dijeras “porque no me peino”

    Particularmente me gusto mucho el debate con copleston.

    saludos.

  2. Gracias!

  3. Un gran libro. A mí también me pareció superior a The God Delusion.

    Saludos.

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