Publico una traducción rápida que hice de un artículo que vi en el sitio web de la Fundación Educativa James Randi por Milton Mermikides.
Deslices del escepticismo
La comunidad escéptica suele proveer, y debemos elogiarla por eso, la calma voz de la razón durante momentos de angustia social como la “controversia” sobre la vacuna triple viral, temores sobre el flúor, uso de celulares y wi-fi, los peligros de Facebook, riesgos exagerados de algunas drogas, o la catástrofe acechante de los hornos de microondas. Aunque oponerse a los falsos miedos es un trabajo admirable, es importante que no nos tornemos indiferentes a las aseveraciones y, haciendo de esto un hábito, permitamos que escapen de nuestra mirada temas concernientes a la salud pública. Como forma de demostración me gustaría compartir una información alarmante que he descubierto recientemente sobre una práctica de nutrición suplementaria. Es conducida por una subcultura de adultos para uso personal y (probablemente con buena intención) por padres sobre sus hijos, en un esfuerzo por mejorar sus capacidades. Parece que esto ha estado sucediendo por años y hasta ahora escapó de análisis críticos, por lo que solicito me permitan un momento para presentarles una síntesis.
La sustancia se encuentra en la naturaleza en forma verde, negra y amarilla. Siendo este último estado altamente deseado por sus consumidores. Como es usado alrededor del mundo, hay numerosos nombres para la sustancia (que dependen del método de producción) incluyendo mauz, musala, musa o superbum.
Las dosis se compran (muchas veces en la calle, a plena vista) en unidades individuales de aproximadamente 200 gramos cada una, consolidadas en grupos de 4-7 unidades. Los efectos reportados incluyen un torrente de energía y una sensación de contento y satisfacción. Incluso algunos están tan apegados que creen que es prueba de la existencia de Dios. Sin embargo, hasta donde pude descubrir, no se han realizado pruebas de seguridad sobre esta sustancia, algo preocupante si consideramos los datos que expondré a continuación… uno se pregunta quién estará protegiendo los intereses de los vendedores.
La sustancia está altamente modificada a nivel genético (usualmente sintetizada usando un cultivo de tejidos) y es virtualmente irreconocible de su contraparte salvaje.
Este preparado azucarado de químicos incluye fenilalanina (un componente del aspartamo que se puede encontrar en bebidas gaseosas dietéticas, cuyos posibes peligros ya han sido discutidos largamente), treonina (que puede ser absorbida por el corazón humano), el fósforo (extremadamente tóxico) y partículas de cenizas. Este cóctel tóxico también contiene dopamina y serotonina (que puede causar fibrosis endomiocárdica) –de aquí que los usuarios reporten una sensación de gratificación- y otros componentes biogénicos. La sustancia también puede transmitir enfermedades infecciosas si se manipula de forma poco higiénica, tristemente el caso muchas veces.
Algunos padres fuerzan a sus hijos a consumir esta porquería bajo la impresión de que le darán un golpe de energía y fuerza (una ventaja sobre sus compañeros), sin embargo la sustancia interrumpe la función digestiva natural, la respuesta del apetito y los niveles de formaldehido en sangre, y nadie conoce realmente el efecto acumulativo de todos estos químicos en ausencia de estudios adecuados. Sin mencionar el hecho de que emite más de 1000 veces la radiación ionizante que un teléfono celular, cuyos efectos en la salud no merecen comentario. También fueron notadas reacciones alérgicas (extrañamente, de usarios que también son alérgicos al látex) pero por alguna razón desconocida esto no ha sido divulgado al público.
Finalmente, el envoltorio desechado de esta sustancia puede causar potenciales daños físicos a otros y, más terrible todavía, incluso puede ser una fuente de entretenimiento para los turbados cerebros de los consumidores.
Es alarmante que no hayamos remarcado estos peligros y sugiero una respuesta inminente y a gran escala. Necesitamos pelar la capa exterior para llegar al centro de este problema, y sólo después podremos obtener un rayo de confort. Si no tomamos este tipo de asuntos seriamente, todo habremos resbalado y caído.
Posdata de la traducción
Reemplacé las veces que aparece el nombre de “la sustancia” para que no se haga tan obvio que se trata de la simple banana, ya que en el original se la menciona como “Ba-2Na”.
Posdata del autor
Ok, eso fue algo tonto, pero más allá del nombre pobremente encubierto, todas las aseveraciones que hice sobre la humilde banana son básicamente verdaderas, engañosas, pero verdaderas. Cualquier insensatez antigua puede ser corroborada por verdades cuidadosamente seleccionadas u omitidas. La medicina alternativa, la comunidad pro-homeopatía, nutricionistas, “expertos” en “bienestar” y los anti-vacunación son profundamente culpables de este tipo de manipulación y compilación de verdades y del uso de de términos seudocientíficos para convencerse a ellos mismos y a otros de la realidad de sus creencias. Por supuesto, estas verdades pueden ser apoyadas con una buena dosis de mentiras, un nivel al cual no necesité llegar para armar un caso en contra de la “sustancia” banana.