La Tragedia
Mi nombre es Julian Rodriguez Orihuela. No voy a dar más datos sobre mí, no vale la pena. Hoy es martes 4 de Enero de 2005. Ayer estuve sentado frente a mi computadora. Me dispuse a escribir un cuento que venía pensando camino a casa. Lo que había hecho del cuento era apenas esto:
——————–
Martes 25 de febrero de 2053. A quien exista (quizás sólo a mi mismo): Tengo 68 años. Hace 48 que pasó la tragedia. Todavía no puedo creer que haya pasado tanto tiempo. Tengo la certeza de ser la única persona viva en el planeta.
Tengo esperanzas con mi vigésimo segundo embrión. Todos los demás fracasaron. Los primeros diez no llegaron a un día de vida después de la concepción. Sólo espero poder desarrollar a un ser humano para que siga mis pasos antes de que la muerte se apodere de mí.
Tomé muchas notas desde la tragedia. En este cuaderno quiero destacar las más importantes. La primera, del 4 de Enero de 2005, ha quedado grabada en mi memoria desde el momento en que terminé de escribirla. Ruego a lo que sea superior a mi (lo que me haya creado, lo que me vaya a destruir, lo que destruyó a todos y se olvidó de mi) que alguien llegue a leerla alguna vez. La reproduzco a continuación:
“A quien exista:
Hoy es Martes 4 de enero de 2005, mi nombre es Julian Rodriguez Orihuela. Tengo veinte años. Soy argentino. Dejo mis datos al dorso de esta página. La forma más fácil de contactarme es a través de mi dirección de correo electrónico. Escribo mis datos para que quien lea esto intente ubicarme.
En este momento son las diez de la noche. Hoy es el primer día. Todavía no comprendo qué está pasando. Me levanté a las tres de la tarde como es usual en mí. En realidad fue a causa de las bocinas continuas y estridentes que no me dejaron seguir durmiendo.Y ese olor…
Cuando me levanté, como es usual, encendí la radio para escuchar las noticias. Mi primer contacto con el mundo. Nada, ni siquiera estática. Probé otras radios pero no había nadie del otro lado. Música-silencio-música-silencio. Me hice el desayuno como todos los días. Mientras tanto prendí el televisor para pasar el rato; el canal musical. Nada. No mostraba imagen alguna. Comencé a cambiar los canales, sólo para encontrarme con algunas películas, o, lo más raro, estudios de televisión iluminados y vacíos. Mi segundo contacto.
En el momento en que salí del departamento, un golpe de olor fétido entró por mi nariz impulsándome hacia atrás. Mientras me tapaba la nariz llamé al ascensor. Cuando llegué abajo me encontré con un cuerpo. Un muerto.
Primera imagen del horror.
En ese momento entré en pánico. Golpeé la puerta de la encargada de inmediato, y al no recibir respuesta, salí afuera a pedir algún tipo de ayuda.
El horror absoluto.
Cuerpos en las veredas y las calles. Autos chocados contra las paredes, algunos todavía en marcha. Bocinas. Yo, paralizado y desesperado, sólo atiné a llamar desde mi teléfono celular a mi padre, nada, a mi madre, nada, a mi hermano, nada.
Me inundó una sensación de vacío y desesperación, además de ese olor. Recorrí todo el barrio sólo para encontrar más cadáveres. En un momento miré al cielo, una gran hilera de humo se extendía sobre edificios lejanos. Ni bomberos, ni ambulancias, ni policía. No existía sonido alguno. Sólo las bocinas continuas que penetraban en mi cabeza.
Descartando locas teorías, agarré el auto, estacionado en frente, y llegué a toda velocidad hasta la casa de mis padres. La muerte y el caos sembrados a mi paso. Y ese olor… el olor de la muerte… Entré a casa y encontré a todos en sus camas… parecían dormidos, pero no. La desgracia no podía ser peor.
Traté de componerme y seguir adelante.
Desde mi computadora envié mensajes a todas las direcciones que pude encontrar, más de mil mensajes subiendo a los satélites, y bajando inútilmente por todo el mundo. Llamé a todos los países que aparecían en la guía. Disqué a lugares con más de doce dígitos para comunicarme con todos los países que encontré en la guía. Empresas, oficinas gubernamentales, números al azar, etc. Todo lo que pude hasta el cansancio.
No sé qué hacer. Supongo que no voy a poder dormir. Por lo pronto me doy cuenta de que tengo que tranquilizarme y seguir viviendo. Mil cosas dan vueltas en mi cabeza. Tienen que existir otros en mi situación. ¿Y si no?…”
La segunda de mis entradas al cuaderno, que voy a mostrar a continuación, es del segundo mes. Por suerte desde el primer día comencé este diario con todas mis experiencias y mis humildes progresos. Creo que eso es lo único que me separa de la locura, si es que en realidad no estoy loco. ¿Cómo saberlo? ¿Qué parámetro debo tomar?
“Hoy ya hace un mes que pasó la tragedia. Comienzo a creer que estoy completamente solo. O completamente loco. O quizás muerto.
Estoy pensando en ir a bibliotecas y librerías y universidades y a dónde sea necesario para aprender algo sobre clonación. Parece que es la única esperanza. Quiero que esta raza, mi raza, siga existiendo, a pesar de los desaciertos que ha cometido desde los principios de la historia. Viéndolo de otra manera se podría decir que es quizás una oportunidad.
Todos los animales y plantas se comportan de igual manera. ¿Qué fue lo que sucedió? Nadie, es decir “yo”, lo sabe.
Mi vida sin otras personas no tiene sentido. No tiene futuro. Espero que alguien pueda leer estas palabras alguna vez. Estoy pensando que en esta ciudad tengo alimento de por vida y puedo llegar a viejo si me esfuerzo por mi propia salud (aunque no tenga a nadie que pueda curar mis enfermedades).
Creo que es todo por hoy.”
Luego de esta entrada comencé con mi búsqueda, difícil propuesta para alguien que no conoce nada sobre ciencias. De todas formas mi empeño por sostener a la raza…
——————–
Anoche terminé esa parte del cuento, y ya estaba empezando a atraerme. Llamé a mi viejo para contarle y revisé mis correos normalmente. Después de prepararme algo para comer me fui a dormir, no sin antes leer algo para conciliar el sueño.
Como decía, hoy es 4 de Enero de 2005, y me acabo de levantar. Hay un olor incomprensible y taladrante por todos lados.
Tengo miedo, tengo mucho miedo. Siento la desesperación, la soledad.
Es inútil. Ya sé como va a terminar. Nadie va a leer esto.
Abro las ventanas… ¡El horror! ¡El olor!
No tengo el valor ni la firmeza necesarios
En menos de un segundo no voy a sentir más… no quiero sentir más..
En menos de un segundo… Ahí abajo… Cinco pisos abajo… Con los demás…
Julian Rodriguez 2005








