Cuando yo me muera
8 de noviembre de 2008
Hagan de mí lo que quieran. Yo ya habré dejado de existir.
Ya no voy a sentir placer. Ni dolor.
Eso sí, pónganme lejos de curas y cruces. Esos cuervos disfrazados, onanistas monolibrescos, no hablan más que mentiras.
En cuanto a mi cuerpo, agarren lo que sirva y el resto tírenlo. A la tierra como cuerpo o ceniza. Ya habrá dejado mi cuerpo de ser mío con mis deformidades, mis sentimientos, mi vida.
Y el que me quiera recordar, que me recuerde vivo, que es lo que corresponde a los vivos, que los muertos no penamos.
Pero no me lloren más que lo que admita la decencia, que al final no es tan grave, que la vida no se puede tomar muy en serio.
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