Tenemos una sensación de asombro y maravilla ante la complejidad del universo en que vivimos y queremos encontrar su propósito o sentido.
Hay dos formas de intentarlo. Una es la forma legítima y compleja. Requiere estudio, dedicación y humildad. La otra es engañándose a uno mismo, y trabaja con conceptos simples y ofuscación de ideas.
La primera se llama ciencia. La segunda, religión.