La religión en el ser humano y la Gestalt

Hoy quiero escribir sobre una idea que vengo pensando hace unos días. Es acerca de la “necesidad metafísica” del ser humano.

Desde que el mundo es mundo, y en diferentes civilizaciones no interconectadas entre sí, los pueblos han generado dioses que explican los misterios universales de forma sencilla (Ejemplo: ¿Por qué cae agua del cielo? Porque los dioses así lo quieren. ¿Por qué se mueve la tierra bajo mis pies? Porque los dioses así lo quieren, etc.). Comprendo (mucha gente lo pensó antes que yo, y he leído poco sobre el tema) que el ser humano tiene una necesidad de responder a sus interrogantes. Si frota dos palos y éstos hacen fuego, intentará buscar los porqués de este fenómeno. Ahora, ¿Qué sucede cuando la persona se encuentra ante un fenómeno que no puede explicar razonablemente? De allí deriva el pensamiento metafísico y se desarrollan las deidades. A través de sofismas del pensamiento, comienza a desarrollar la “fe”, es decir, tomar por verdadero algo no demostrado.
Continue reading

La muerte: Evolución de mis conjeturas

La parcaBueno, como siempre, la idea fija: “todos nos vamos a morir”, “la vida es una mierda”, “qué le va a hacer, don Cosme”, etc. Hoy quiero tratar de describir mis distintos pensamientos a través del tiempo acerca del tema universal.

Como primera medida, debo confesar que soy Católico Apostólico Romano, según mi bautismo. Primera medida teológica tomada por los inconscientes de mis padres. Pero considero al bautismo como medida correcta otorgable a cualquier niño, aunque más no sea “por las dudas” (espero que esta frase denote la seriedad de mis exposiciones), porque “nunca está de más” y porque no hace daño. La segunda medida (i.e. la comunión) fue tomada por mi madre, quien, acogida por una espiritualidad no usual en ella, mandó a mi hermano y a mi (doble fue su crimen) a un año entero, si no recuerdo mal, de catecismo, los sábados a la mañana (sí, a la mañana).

En catecismo aprendimos las hazañas de los apóstoles, santos y otros personajes secundarios de la novela, historias que he tenido la prudencia de olvidar completamente. La verdad es que no recuerdo exactamente si creía o no en el “Dios” cristiano, la historia del 3×1, etc., pero estaba ansioso por probar la pastilla al final del curso (la hostia, mal llamada de esa manera siniestra por mi padre, como se ve, no muy adepto a estas cuestiones) e intentaba cumplir a rajatabla con la liturgia (una vez recuerdo haber denunciado con mi padre a mi hermano cuando, al pasar por una iglesia en auto, no se persignó; esta actitud me chocó por la propia injusticia de que él no recibiera un castigo de Dios -como un rayo en su cabeza- y, más todavía, porque tampoco hubiera castigo de mi terrenal padre).

Creo que en esos tiempos debo haber creído en la existencia de Dios como un ser que me vigilaba y me miraba con cara rara cuando cometía “pecados”. Mucho tiempo después me vine a enterar que a ese “Dios” el amigo Freud lo había llamado super-yo, y viene a ser el “deber ser”, o lo que uno piensa que los demás esperan de uno. Más allá de eso, no creo haber pensado demasiado en la muerte y lo que viene después, pero creo estar seguro de que nunca me creí del todo el tema del cielo y el infierno, lugares que además me parecían demasiado abstractos e intangibles (nadie me definió el cielo, no me dijeron “tiene puertas de hierro”, “el piso es de nubes”, “están todos tus ancestros tomando mate en un hotel que hay por ahí”, y las películas no ayudaban, cada una lo mostraba de manera diferente cuando a un auto o una casa siempre los mostraban de forma similar aunque fueran películas de distinto género).

Recuerdo reflexionar (ya más adelante y, creo, inspirado por la película “Ghost”) que la muerte sería un eterno vagar por el planeta Tierra de forma incorpórea, encontrándose con otros muertos y “viviendo” de forma parecida a la actual, sólo que sin comer ni dormir, y pudiendo atravesar paredes (“¡buenísimo!”, pensé).
Sobre la pata saqué otra conclusión (creo que demasiado poética para mi edad): Cuando uno muere, la eternidad la pasa de la forma en que la concibió cuando estaba vivo. De esta forma, nadie estaba equivocado, ya que el católico (yo ya había dejado de serlo hacía rato) se iría a un cielo y vería a Dios a los ojos, etc., el que había sido católico y no había hecho más que cagadas en su vida iría a un infierno donde sería azotado y hervido por siempre y yo… y yo no sé, yo ahora ya ni sabía que elegir… por un lado tenía ese cielo que mucho no me gustaba, por el otro tenía el “vagabundeo por el mundo estilo Ghost”, que tampoco me convenció desde que reflexioné que este planeta algún día se iba a hacer pedazos o iba a quedar deshabitado o algo, y yo iba a quedar (junto con otros muertos o quizás no) dando vueltas sobre una piedra vacía. Así que no tenía una idea de nada.

Creo que me pegó a los 20 (por ahí a los 21, no sé exactamente cuándo): La verdad es que un día comprendí que me iba a morir, y que chau, que si te he visto no me acuerdo, que me desintegraría sin remedio y que el mundo seguiría funcionando sin mi (¡Horror!). Por supuesto que no me acuerdo exactamente del día en que me pasó (por ahí fue una idea que se desarrolló de a poco), pero es algo que muchas veces me agarra a la noche y no me deja dormir por un buen rato, y me aplasta la cabeza de una manera casi intolerable (la rutina del día hace que, aunque consciente de estas cavilaciones, mantenga un poco más la compostura). Yo no sé si la gente de mi edad (de cualquier edad, que yo conozca -lamentablemente no conozco filósofos-) se hace estas preguntas o (si es que lo hacen) si las viven tan intensamente como yo.

Desde ese momento (incluso desde antes, y creo que desde que tengo la concepción de la muerte) me definí agnóstico. Igualmente creo que todos somos bastante agnósticos: Hasta al más mojigato, que piensa que tiene el cielo comprado, le agarra un cagazo terrible cuando la parca le respira en la nuca. Pero el agnosticismo no me viene demasiado bien, porque me gusta demasiado saber las cosas.

Ya llegando a mi edad actual, 22 años (para 23), me considero completamente ateo. Estoy en duda de la existencia del alma y creo solamente en la existencia de una consciencia que podemos usar durante unos 70 años (con un poco de suerte) para mirar y admirar el universo (de una forma patéticamente minúscula, ya lo sé) para luego morir e ir a ninguna parte, simplemente al cementerio.

Esta última idea me venía resultando intolerable hasta hace muy poco, ya que sentía que la muerte sería como quedar paralizado sin poder abrir los ojos, y sentir de algún modo como uno se va deshaciendo. Pero lo estaba pensando para el carajo. Creo que una de las fuentes que me iluminó fue el corto de Jean Pierre Jeunet “Foutaises”, en el que el personaje dice que se “siente aliviado de que la muerte no será peor que antes de nacer”. La idea de la muerte es la desaparición de la conciencia, es decir, dejar de existir completamente y volver a ese estado de antes de nacer, o sea, la nada.

¿Y cómo medir la nada? ¿Y el tiempo? ¿Y la posteridad, y la gloria, etc…?
Bueno, no me quiero extender mucho, pero para definir el cesar de la existencia tengo que explicar mi idea respecto del tiempo:

La conciencia vive en un eterno presente y, gracias al cerebro y su capacidad de almacenar la información del pasado, uno registra sucesos y proyecta el porvenir. Siendo un amnésico constante (Memento es una ayuda para el desarrollo de esta idea, mi vieja que sufrió amnesia total y nunca más recuperó sus recuerdos anteriores también lo es) uno podría decir que no existe su pasado, crearse otro, o directamente vivir el eterno presente, como hacen los animales. Pues bien, cuando se suprime la conciencia, se suprime el pasado, la noción de futuro y, más precisamente, el vertiginoso presente. Ni dolor ni alegría.
Este último párrafo requiere de un artículo aparte o de un libro entero, quizás. Seguramente no me expresé bien y nadie lo va a entender más que yo, y eso que yo no lo entiendo del todo tampoco.

Como conclusión (¡Por fin!) puedo decir que en este momento de mi vida siento que la muerte es la finalización de la existencia sin más, la nada absoluta, sin dolor, castigo o recompensa. Ya escribiré un artículo sobre lo que creo que es un absurdo total, el cielo y el infierno, pero ya puedo decir que creo en un destino común para todos los seres (humanos malos, buenos y regulares, animales y plantas); se podría decir que soy bastante comunista en ese aspecto.

Y como epílogo advierto que no me tomen muy en serio, ya que como han visto, suelo cambiar de filosofía como de calzoncillos (¡eh! ¡me baño todos los días!) y lo que expongo acá no pretenden ser aseveraciones tajantes, sino dudas expresadas. También me pregunto si alguien se hace estas mismas preguntas, porque todos mis conocidos me esquivan, me evitan y me hablan de otra cosa cuando hablo sobre la filosofía básica de la muerte. O tal vez sea yo el enfermo que piensa en esto constantemente y debería preocuparme por el precio del tomate (que llega a los tres pesos, una barbaridad, señora) y mi trabajo de la facultad que ya juzgo tan eterno como el agua y el aire.

Foto © Alex Marshall

Nuevas divagaciones sobre la existencia

Más como una forma de archivo de mis pensamientos para el futuro que como texto de difusión para imponer mi visión del mundo, dejo a continuación pomposas palabras que en poco tiempo arrastrará el viento de la coherencia…

El ser humano podría ser concebido como una falla en el sistema del universo. Un ser capaz de percibir el tiempo, comprender siquiera humildemente el funcionamiento de la materia, el espacio, la energía, los astros. El concepto que debiera haber estado más resguardado del conocimiento humano se develó ante él: la noción de su propia finitud, de su muerte intolerable e incomprensible.

Por supuesto, desde que la raza alcanzó esa noción utilizó artilugios para intentar convencerse de una existencia ulterior, una “vida después de la muerte”, que no llega a comprender del todo, pero imagina de las más variadas maneras: Una eternidad de felicidad o de castigos por la forma de actuar durante la vida es un ejemplo, para lo cual no se tuvo en cuenta que un individuo, por longevo que sea, pasará más tiempo muerto que vivo; la reencarnación perpetua, para lo cual no se tiene en cuenta el crecimiento de la población; el vagar del alma de forma cuasi corpórea, para lo cual no se tiene en cuenta la eternidad de ese estado, en el cual verá morir a todos quienes conoce, al Sol convertirse patéticamente en nova y desaparecer, y montones de cosas intrascendentes.

Un santo.Obviando esos artificios, cada uno deberá comprender que no importa lo que uno haga, siempre todo será completamente intrascendente. A partir de ese momento se libera el hombre hacia los placeres, primero más simples y carnales (sexo, comida), y luego (sin dejar de lado los primeros), llegando a matices más complejos del gozo, como las artes (no dejo ninguna afuera, arte no es pintura solamente, es música, danza, teatro, literatura, cine, escultura). Luego, todo lo que hará que no sea la realización de esos deseos, será un medio para ese fin.

Personalmente, en este momento de mi vida, entiendo a la muerte como fin de la existencia personal, y el regreso a una comunión perpetua con el universo. Todos somos uno, y ese uno no razona. Un gran inconsciente que es vivos y muertos, individuos y cosas.
Claro, sería válido decirse, ¿Por qué no matar, hacer daño, romper, aventajar, en una palabra, ser individualista, si a final de cuentas, todos seremos uno mismo, el mismo universo, si al final yo soy (seré) hoja, piedra, pared, estrella, aire y metal? Jamás basaría mi vida en una moral como esa, pero no la considero inválida. Quiero decir que si encontrara a una persona que pensara y actuara de acuerdo a esos preceptos, no lo consideraría un loco, pero no permitiría su libertad de acción, ya que la vida en sociedad se basa en el respeto de ciertas reglas, entre las cuales se encuentra el respeto a la otredad, por el cual esa persona tiene derecho a existir.

También… ¿Por qué no concebir la existencia de otros universos, y que esos universos, a su vez se relacionen, como los seres humanos en una sociedad? Sucede con uno mismo: Yo soy un universo formado por células. Esas células son seres vivos, igual que yo. ¿Qué me dice que yo no soy una célula boba que hace funcionar a un organismo inmenso, el verdadero organismo pensante que es capaz de controlar sus acciones? ¿Y por qué no llamarlo Dios?

¿La recursividad se detiene en algún momento? Esa mueca burlona de Dios, que se sabe único monarca de lo que existe, se borra cuando mira hacia arriba y pregunta “¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza?“.

Volviendo a la falla primigenia del ser humano, a mi entender, una de las dos posibilidades se dará en un punto del tiempo futuro:

O el ser humano logra entender la existencia, el universo y sus causas, o dejará de existir intentándolo.

(Foto por Antiquité Tardive)

Por qué morir y por qué vivir

Últimamente cada vez me cuesta menos entender que la muerte es el final de la vida y que no existe más nada, que tenemos este lapso de tiempo para contemplar el universo de la mejor o peor manera, y que después simplemente dejamos de existir. Sin infierno ni cielo eterno. Sólo con eterna indiferencia, eterna inexistencia. Quizás (probablemente) sea mejor así.
Por otro lado mi único deseo es que mi modo de pensar no sea la realidad. Pero, si me baso en la evidencia, llego a esa conclusión.

Un ángelCon la practicidad que me caracteriza, hago modesto uso de mis facultades y listo a continuación las ventajas y desventajas de morir.

Ventajas:

  • Se cierra un ciclo
  • Se terminan todos los sufrimientos
  • No más trabajo ni preocupaciones

Desventajas:

  • No se sabe qué pasa
  • Da miedo
  • La vida es todo lo que uno conoce, la muerte es un completo misterio
  • Quedan cosas inconclusas
  • No se sabe exactamente cuándo va a llegar
  • Por más control que tenga uno sobre sí mismo, es el momento de dejarse llevar

Por favor, siéntanse como en su casa y agreguen en los comentarios algunos otros tópicos para la lista. Cuando se me vayan ocurriendo más las iré agregando en otro color, o en cursiva, o algo.

crédito de la foto

Firmes convicciones

“Si no te das cuenta de que hace 10 años estabas completamente equivocado, sos un pelotudo.”

Clásico dibujito de la evolución
No sé qué les parece la teoría: Propongo que una persona, en cualquier momento de su vida, se tiene que avivar de que 10 años atrás todas (o las mayoría de…) las convicciones que tenía le deben parecer erróneas o, por lo menos, cargadas de un tinte de duda. Todo lo que pensaba con respecto a cualquier cosa (gustos personales, intereses, religión, filosofía de vida, etc.) tiene que verse modificado radicalmente.

Me parece que es como la evolución intelectual de cada persona, ir construyendo valores y juicios e ir derrocándolos unos tras otros permanentemente. Tal vez es demasiado drástico.
Esto implica una especie de alivio intelectual, porque uno se va a dar cuenta de que en 10 años, su perspectiva va a cambiar nuevamente, así que no le conviene defender sus ideas tan porfiadamente (sí, es una palabra). Mejor relajarse un poco, hacer los deberes (leer, aprender, un cacho de cultura) y tratar de llegar a las mejores conclusiones.

Ahora, lo que permaneció del mismo modo (pongo un ejemplo: hace 10 años, en 1996, me interesaban las computadoras) se afirmará un poco más dentro de las convicciones de cada uno (i.e. supongo que me gustarán las computadoras o algo relacionado con éstas en 10 años).
Todo esto para decir que mi teoría será contradictoria dentro de diez años (o lo es ahora):

  • Si sigo firme en mis convicciones, esta idea no va a tener valor (porque sostengo una idea antigua) y, por lo tanto, va a tener valor (porque la estoy sosteniendo).
  • Si cambio de parecer, esta idea no será válida, y por lo tanto, lo será (porque cambié de parecer, entonces funcionaría).

Eso si nos comportamos binariamente (no, no es una palabra), pero, como dije antes, las ideas que siguen firmes en mi cabeza en el momento en que todo haya cambiado son las que más valoraré como auténticas. Por lo tanto, la teoría sigue en pie y el universo no corre peligro de destrucción inminente.

De nada, los acabo de salvar a todos de una muerte segura.

Te adivino la personalidad

Bola de cristalTenés una necesidad de que las demás personas te quieran y te admiren, y sin embargo tendés a ser crítico de vos mismo. A pesar de tener algunas debilidades en tu personalidad, generalmente podés compensarlas con tus fortalezas. Tenés una considerable capacidad sin usar, que no estás aprovechando. Disciplinado y muy controlado hacia afuera, tendés a preocuparte y ser inseguro por dentro. A veces tenés serias dudas de si tomaste la decisión correcta. Preferís cierta cantidad de cambios y variedad y te sentís insatisfecho cuando te ves atrapado por las limitaciones. También sos orgulloso de tu pensamiento independiente; y no aceptás las ideas de los otros sin pruebas suficientes. Pero te parece poco inteligente ser muy franco al revelarte a las demás personas. A veces sos extrovertido, amable y sociable, mientras que otras veces sos introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser un tanto irreales.

Aclaro que vale para hombre y mujer. Es seguro de que esas palabras, dichas por una persona que te conozca (o por un estafador simpático) te van a resonar como a tu medida.

Ese escrito se llama Efecto Forer, aparece en el Diccionario de los Escépticos (material de consulta indispensable), y es un test aplicado por un psicólogo para demostrar que los individuos tienden a aceptar una descripción vaga, como dirigida especialmente hacia ellos, sin darse cuenta de que se podría aplicar a cualquiera.

Se supone que la fuerza del efecto se ve influenciada por tres factores:

  • Uno cree que el escrito se aplica solamente a uno mismo (obviamente acá perdemos credibilidad)
  • Uno confía en la autoridad del evaluador (bueno, acá ya nadie me cree más nada)
  • El análisis enumera mayormente cosas positivas

En realidad, todo esto era una excusa para que vayan a ver el sitio The Skeptic Dictionary, que resuena mucho con mi manera de pensar; o sea, que no creo en nada.

Divagaciones de última hora

Estas son mis divagaciones de las 4.30 de la mañana del Viernes 19 de Mayo de 2006. Espero que anotándomelas acá dejen de dar vueltas por la cabeza y vengan cosas nuevas, o me dejen dormir.

Uno pensandoPienso, como muchas veces en la hora del sueño, en la muerte. Con ella vienen también a jugar los conceptos de universo, tiempo, dimensiones. Los saludo y comenzamos.

¿Qué es una persona, en definitiva, sino un conjunto de moléculas ordenadas de determinada manera? Me fío por una intuición probabilística al aseverar que esa bolsa de moléculas no va a volver a ocurrir como tal en la historia del universo.

Por lo tanto me viene a la mente la idea del individuo mortal. Es decir: Uno existe desde el momento del nacimiento hasta el de la muerte. Punto. No hay más para ver que lo que se vio. Me inclino a suponer que vivimos en una prisión de tiempo constante; ese tiempo, como sabemos, es una ilusión, un concepto. El tiempo no existe. Al morir, conjeturo, nos libramos de esas cadenas. No estamos más condenados al tiempo, lo cual tendría lógica desde un orden si se quiere administrativo. No se necesitará una contabilidad extraterrena, ya que no existen el cielo o el infierno. Incluso no existen otras ideas de la muerte también en un imaginario colectivo, como la del espíritu que vaga en su morada, viendo todo lo que pasa, incluso participando a veces.

Continue reading

La música, el lenguaje universal

Me encantan los lugares comunes (me refiero la expresión verbal). De todas, quizás la que más me gusta es:

“La música es el lenguaje universal”

De aplicación en diversos entornos, por lo general se usa cuando nos encontramos en una discusión acerca de diferentes idiomas, o cuando escuchamos una melodía (o armonía, o ritmo) que nos mueve.

La música no es un lenguaje. Segundo, tampoco es universal.

Estamos de acuerdo en que la música consta de un código: las notas musicales y partituras, etc. (también podría protestar diciendo que muchas culturas no utilizan las notas musicales tal como las conocemos en occidente para hacer música, y que algunas ni siquiera ejercen el concepto de armonía). Para que verdaderamente ese código fuera universal, cada nota, ritmo, o armonía debería tener para todos el mismo significado (o similar, puesto que en el reino de la literatura siempre queda un lugar a diferentes interpretaciones, de la biblia, el corán, 1984 de Orwell, caperucita y el lobo, etc.). Todos sabemos que los conceptos de música en África, en Occidente y en Oriente son claramente disímiles.
Para que fuera un lenguaje, debería transmitir una idea, pensamiento o concepto. Tenemos que aclarar que de todas las artes, la música es la única capaz de una abstracción total. Es completamente carente de todo significado.
¿Quién se atreve a decir que Las Cuatro Estaciones de Vivaldi se asocia efectivamente a las cuatro estaciones?
¿Quién puede exclamar que Minuet en Sol, de Bach, es una composición que soporta y apoya el régimen monárquico?

Objeten, objeten, objeten que hay música revolucionaria, que existen los cantores de protesta, que el tango es triste y el chamamé alegre.
No, señoras; no, señores, la música es abstracción pura.

P.D.: No somos nada