Análisis llano sobre intervencionismo
2 de abril de 2009
Desde hace unos días Dolina viene hablando en su programa sobre temas de política, sobre el poco vuelo, la poca altura que tienen los políticos del país, las discusiones que se dan por el último suceso (un ejemplo es la inseguridad) y no por la “big picture”, no por un plan estratégico de país con el que nos tenemos que poner de acuerdo más o menos.
Coincido con él, y probablemente después haga algunos recortes de su programa y los publique por acá.
Pero de eso hablaré un poco más cuando haga la edición de audio… ahora quería plantear un problema, que probablemente sea una falsa dicotomía, pero que escribiéndolo me ayuda a aclarar mis ideas un poco.
La elección del modelo económico de país, intervencionista o liberal (a grandes rasgos) es un vaivén que todavía no fue decidido por la gente del país (aclaro que tampoco sé si necesariamente hay que elegir uno u otro, y que probablemente una mezcla moderada de los dos sea la solución).
A grandes rasgos el modelo liberal es el que imperó en los años ’90 (con muchísimos matices y muy mal aplicado), que pretende que el estado se ocupe de lo menos posible, y que permite la mayor libertad. Parece una buena idea ¿No? Sucede que a mayor libertad para enriquecerse, mayor desigualdad social y mayores injusticias; por eso existe el modelo intervencionista, en el que el estado se ocupa de quitar algunos beneficios para ayudar a quienes menos tienen y tratar de que se juegue un “fair play”, en el que todos tengan oportunidades. Un claro ejemplo de la restricción puede ser la figura de las retenciones a la exportación de soja, cereales, etc… Por supuesto que el agroexportador tiene derecho a trabajar y a ganar su dinero, pero también deja una parte para que (en teoría) los que menos tienen puedan acceder a la salud y la educación (principalmente), algo que considero fundamental para que una persona tenga las mismas oportunidades que alguien de noble cuna.
Ahora, después de esta cháchara que todos conocerán mejor que yo (no estoy descubriendo nada), veo que existe un problema (y seguramente tampoco soy el primero en verlo):
Si yo, supongamos, salgo de abajo, de la pobreza más miserable, y, después de créditos del estado, subvenciones y sistemas educativo y sanitario gratuitos, me enriquezco vendiendo (ejemplo) billeteras de cuero de tapir, una vez que esté en mi posición de señor de dinero, no voy a querer que me saquen el 20% de lo que gano vendiendo mi producto (no sé cuál es el porcentaje del impuesto a la venta de productos de tapir), por lo que cuando venga un candidato con una visión liberal, voy a decir “Ese es mi pollo, no tengo por qué darle mi plata a los pobres”, y lo votaré.
Creo, a partir de lo analizado antes, y de otras muchas cosas que seguramente me salteé en mi escueta formulación, que el país va a ir en un vaivén interminable entre el liberalismo y el intervencionismo a medida que se sucedan las generaciones, ya que cuando las cosas anden bien, todos nos querremos olvidar de pagar los impuestos y colaborar con el bien común, hasta que a todos nos vaya mal y queramos la mayor asistencia del estado, y así ad nauseam.
Pero bueno, este es un análisis muy unidimensional y está más que claro que son muchos los factores que determinan una política de estado y la elección de un candidato. Desafortunadamente (y creo que esto pasa en todos lados) se vota a un candidato por su carisma, presencia, estilo, simpatía, seducción, opinión y posición en temas demasiado particulares (inseguridad, aborto, baja de impuestos), más que por sus propuestas o estrategias para el rumbo del país. Basta pensar los casos como Obama, Menem o Kirchner, que pueden haber tenido grandes o pequeñas ideas (o incluso ninguna idea), no es esa la discusión, pero que fueron votados por otras cuestiones.
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